Después de mucho anunciarlo y de mucho negar la evidencia, los números, que aunque pese, parece que son los únicos capaces de poner las cosas en su sitio (por lo visto la historia también pero es más lenta), pues resulta que ya no hay sitio para tantos promotores, ni para tantas inmobiliarias, ni para tantos peones, ni arquitectos ni ladrillos en el modelo económico del estado español. Solo queda el hueco que han dejado las hipotecas y que habrá que ir rellenando poco a poco con el trabajo diario de la mayoría.

Pero a algún sitio habrá que ir, porque en el mundo de la empresa eso de “engordar para morir” no se lleva. Se es más del rollo, crece, arrasa, fusionate y lanza opas a destajo, y si algo sale mal, suspensión de pagos y a empezar en otro sitio que ya sabemos como va el rollo.
Esto que ya es vox populi, se lleva cociendo un tiempo.
Pues eso, que ante la situación parece que europa del Este y Sudamérica comienzan a abrir sus puertas a todos aquello expertos en exprimir la economía del ladrillo, sin hablar de Marruecos, a quien la Unión Europea pone vallas físicas y tecnológicas por un lado y por el otro tiende puentes y acuerdos comerciales para deslocalizar sus empresas.. Y como en la península parece que nos sobran, pues ahora resulta que la inmigración da la vuelta, pero ahora vestida de corbata, cafe copa y puro.
En realidad me interesa centrar la atención en Sudamérica. Al igual que en el resto del mundo “desarrollado”, con la economía, las leyes, los cuerpos de seguridad como herramientas y la madre patria, la deuda histórica, la identidad local y el desarrollo sostenible por bandera, toneladas de cemento, acero y maletines por debajo tienen en mente urbanizar la costa, la selva, la montaña… Sin paranos a hablar del modelo de ciudad que se construye fomentando la segregación social, instaurando el automóvil y el centro comercial como modo de vida.
Qué puede hacer la legislación, los gobiernos, la sociedad para evitarlo?
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